y el trago más barato costaba una pierna. Pero yo estaba contento porque pude entrar, y apenas lo hice me senté en mi silla, se acercó el mozo, me dijo: “Señor, ¿qué va a tomar?”, le dije: “Gracias, muy amable, agua de la canilla”. …

articulo continua en unknown traido usted por zapizapi.com